CNT: La Mandrágora de Maquiavelo, dirección: Manuel Ruiz. Teatro de La Aduana: Del 10 de octubre al 30 de noviembre. De jueves a sábado 7:30 pm., domingos 5:00 p.m.
CNT: Diario de un Loco de Gogol, con Gerardo Arce. Teatro 1887: Del 6 al 30 de noviembre. De jueves a domingo 8:00 pm.
ATRAPADOS EN UN FEBRERO BISIESTO, Teatro Vargas Calvo.
MI MUJER ES EL FONTANERO, Teatro La Comedia.
BORRACHOS DE LUNA, Sala Calle 15.
LAS MUJERES SON COSA DE HOMBRES, Teatro Lucho Barahona.
DOS ARRIBA Y UNA ABAJO, Teatro Arlequín.
ORGASMOS, Teatro Torres.
SIN NALGAS NO HAY PARAÍSO, Teatro Sancheto.
CHINGOS O NADA, Teatro Moliere.
TAXIANDO POR UN SUEÑO, Teatro La California.
ZAFARRANCHO EN LA FRONTERA, Teatro Chaplin.
PRÉSTAME A TU MUJER Y TE PRESTO A MI MARIDO, Teatro del Ángel.
DRÁCULA GAY, Teatro La Máscara
martes, 4 de noviembre de 2008
jueves, 16 de octubre de 2008
Crítica de teatro Por Andrés Sáenz

Engaño. Las artimañas del alcahuete Liguro (Carlos Alvarado) embaucan al crédulo Nicias (Juan Carlos Calderón). Francisco Rodríguez
LA MANDRÁGORA
Comedia satírica.
Autor: Nicolás Maquiavelo.
Traductor: Tomás Várnagy.
Presentación: Compañía Nacional de Teatro (CNT).
Elenco: José Montero, Fabián Sales, Andrés Montero, Juan Carlos Calderón, Carlos Alvarado, Grettel Cedeño, Rodrigo Durán, Marialaura Salom, Daniela Valenciano.
Música: Luis Diego Solórzano.
Iluminación: Telémaco Martínez.
Vestuario: Rolando Trejos.
Ambientación: David Vargas.
Dirección: Manuel Ruiz.
Lugar: Teatro de la Aduana.
Fecha: Domingo 12 de octubre.
Crítica de teatro: Brocha gorda
Basto. La sutileza no es el fuerte del director
Andrés Sáenz | asaenz@nacion.com
Con la comedia La mandrágora , escrita alrededor de 1518 y estrenada en 1521, el ilustre pensador florentino Nicolás Maquiavelo prescindió de la imitación de los modelos clásicos, corriente en la época, para echar una mirada penetrante y reveladora sobre la conducta venal y disoluta de sus contemporáneos.
Dos escenificaciones de La mandrágora precedieron aquí el montaje, dirigido por Manuel Ruiz, que la Compañía Nacional de Teatro (CNT) estrenó el viernes último en el teatro de la Aduana: la de Luis Carlos Vázquez con el Teatro Universitario, en 1980, y la del Teatro Belli, de Italia, que inauguró el Festival Internacional de Teatro de San José por la Paz, en el Teatro Nacional, en 1989.
El argumento. La trama de La mandrágora gira alrededor de los desvelos del joven Calímaco (Fabián Sales) por seducir a la bella y virtuosa Lucrecia (Daniela Valenciano), casada con el rico y crédulo Nicias (Juan Carlos Calderón).
Con tal propósito, Calímaco se finge médico y asistido por las tretas del alcahuete Ligurio (Carlos Alvarado), la codicia del fraile Timoteo (Rodrigo Durán) y la complicidad interesada de Sóstrata (Grettel Cedeño), madre de Lucrecia, el galán consigue introducirse en el lecho conyugal, tras convencer al marido de las virtudes fértiles de un remedio ilusorio para la esterilidad del matrimonio.
Si al espectador no le cabe duda sobre la eficacia real de la cura de Calímaco, insospechada por Nicias, el cornudo la atribuirá a un brebaje preparado con la raíz de la mandrágora. (La creencia concedía a la planta, de acuerdo con textos bíblicos, poderes conceptivos).
Género y montaje. En el plano formal, La mandrágora pertenece al género renacentista de la comedia erudita, es decir, el texto completo está escrito, en contraposición con la popular comedia del arte, que se improvisaba.
Sin embargo, la pieza acepta distintas lecturas en cuanto a su significado y estilo, ya sea como simple diversión ingeniosa y refinada; o como crítica social que denuncia la hipocresía escondida detrás de valores pseudo-religiosos; o como alegoría política cautelar que expone el poder corruptor del dinero.
Quizá el enfoque teatral que menos conviene a la forma y el fondo de La mandrágora es la farsa o bufonada, pero ese fue el cariz que tomó la interpretación de Ruiz.
En una puesta ayuna de sutilezas, ahí donde pinceladas ligeras hubieran delineado las situaciones y los personajes, Ruiz y el elenco optaron por los brochazos groseros de la exageración y la caricatura.
El sesgo bufo escogido por el director no solo deformó la obra original sino que atentó contra el género mismo de la farsa, según la admonición de García Lorca: “Nadie debe exagerar. La farsa exige siempre naturalidad”.
Aun ideas interesantes del director, por ejemplo, situar la escena inicial en una academia de esgrima, se vieron malogradas por la reiteración excesiva, aunque tal vez menos por el anacronismo de emplear floretes en lugar de estoques, algo que pocos habrán advertido.
El montaje también se hubiera beneficiado con cortes oportunos en el texto para aligerar la acción. Asimismo, Ruiz desperdició la oportunidad de poner al día el contexto y prefirió un acercamiento histórico que, más bien, alejaba al público de las connotaciones actuales de la pieza.
No percibí metáfora teatral que definiera el montaje, ni tampoco que el desarrollo del argumento condujera al clímax irónico, al que se llega cuando Nicias exclama: “¡Soy el hombre más feliz de la tierra!”, después de haber dejado a Calímaco en el tálamo con Lucrecia.
El vistoso vestuario diseñado por Rolando Trejos me pareció el aspecto mejor logrado de la puesta de La mandrágora . Los bastidores de tela blanca y la pantalla al foro dispuestos por David Vargas sugerían una ambientación abstracta y atemporal, en contraste con el vestuario, pero más bien sirvieron para proyectar diapositivas de Florencia. Telémaco Martínez iluminó sin mayor atractivo y la música de Luis Diego Solórzano por fortuna se olvida fácilmente.
martes, 14 de octubre de 2008
¡¡¡Boom!!! (desde España)
¡¡¡Booomm!!!
13-10-2008 - Enrique Curiel
“Tan suave es el engaño cuando conduce al deseado objeto que aquieta todo afán y hace dulce todo lo amargo. Oh sublime y raro remedio, tú a las almas errantes muestras el buen camino, tú con tu gran potencia al hacer felices a los demás enriqueces al Amor; tú vences, sólo con tus santos consejos, piedras, venenos y encantos”.
Dadas las circunstancias, tras lo ocurrido en los últimos días, me ha parecido oportuno acudir a uno de mis autores preferidos, quizás el más grande, Nicolás Maquiavelo, en su divertida y malévola comedia “La Mandrágora”. Perseguido por la Iglesia Católica hasta nuestros días tras la publicación de la gran obra del Renacimiento, “El Príncipe”, parecería que en la citada canción, previa al cuarto acto de la comedia, haría referencia a los efectos letales de nuestro moderno capitalismo fundamentalista que yo comenzaría a llamarle “talibán”. Sí, “capitalismo talibán”, y a los suaves consejos, piedras, venenos, encantos y amenazas con las nos encandilan o nos asustan sus ideólogos y rateros. Porque también entre nosotros, la refinada, elitista y sofisticada cultura occidental, con proclamadas, profundas y sentidas raíces cristianas, emergió un sistema que no ha dejado piedra sobre piedra como si de una maldición bíblica se tratara. Un alumno, con respetables ideas liberales, explicó en una de mis clases el principio indubitable de la eficiencia histórica del capitalismo y de su comprobación a través del sistema empírico de la comprobación, error y corrección de sus bases como la propia historia y evolución del sistema. Es decir: “Tranquilos, tarde o temprano saldremos de la crisis. No hay alternativa cierta”. Otro alumno respondió: “Sin duda, al final todos calvos”.
Afirmar a estas alturas que algo se derrumba a nuestro alrededor sin que seamos plenamente conscientes de su alcance no significa nada nuevo. Lo más grave es que no existe alternativa de modelo ni sabemos hacia donde vamos aunque se pueden hacer cosas. El autobús no tiene conductor pero podemos elegir estaciones diferentes. Evitemos el chiste fácil del salto decimonónico a los “soviets” como alternativa que de vez en cuando realizan algunos periodistas, u opinadores, que pasaron por la Universidad, a veces lo dudo, sin que la Universidad pasara por ellos. Nadie propone la regresión al “socialismo real”.
¿Qué está pasando? Los fenómenos simultáneos son varios pero es una evidencia que nos encontramos ante una contradicción central palmaria: las exigencias económicas, sociales, medioambientales, energéticas y de seguridad colectiva que generan la globalización resultan incompatibles con el capitalismo ultraliberal sin normas que hemos conocido hasta ayer. Ese capitalismo se manifiesta obsoleto además de injusto para las nuevas necesidades de otro mundo y otro siglo. Conclusión. Necesitamos refundar un nuevo orden económico mundial como se ha dicho hasta la saciedad y necesitamos hablar de la Tasa Tobin. Barack Obama ganará contra Bush, sí contra Bush, porque todo lo que representa se ha quedado viejo, nauseabundo, añejo y superado por las nuevas exigencias de un mundo que ya ha cambiado. McCain es solo una caricatura de un mundo antiguo y desbordado (...)".
13-10-2008 - Enrique Curiel
“Tan suave es el engaño cuando conduce al deseado objeto que aquieta todo afán y hace dulce todo lo amargo. Oh sublime y raro remedio, tú a las almas errantes muestras el buen camino, tú con tu gran potencia al hacer felices a los demás enriqueces al Amor; tú vences, sólo con tus santos consejos, piedras, venenos y encantos”.
Dadas las circunstancias, tras lo ocurrido en los últimos días, me ha parecido oportuno acudir a uno de mis autores preferidos, quizás el más grande, Nicolás Maquiavelo, en su divertida y malévola comedia “La Mandrágora”. Perseguido por la Iglesia Católica hasta nuestros días tras la publicación de la gran obra del Renacimiento, “El Príncipe”, parecería que en la citada canción, previa al cuarto acto de la comedia, haría referencia a los efectos letales de nuestro moderno capitalismo fundamentalista que yo comenzaría a llamarle “talibán”. Sí, “capitalismo talibán”, y a los suaves consejos, piedras, venenos, encantos y amenazas con las nos encandilan o nos asustan sus ideólogos y rateros. Porque también entre nosotros, la refinada, elitista y sofisticada cultura occidental, con proclamadas, profundas y sentidas raíces cristianas, emergió un sistema que no ha dejado piedra sobre piedra como si de una maldición bíblica se tratara. Un alumno, con respetables ideas liberales, explicó en una de mis clases el principio indubitable de la eficiencia histórica del capitalismo y de su comprobación a través del sistema empírico de la comprobación, error y corrección de sus bases como la propia historia y evolución del sistema. Es decir: “Tranquilos, tarde o temprano saldremos de la crisis. No hay alternativa cierta”. Otro alumno respondió: “Sin duda, al final todos calvos”.
Afirmar a estas alturas que algo se derrumba a nuestro alrededor sin que seamos plenamente conscientes de su alcance no significa nada nuevo. Lo más grave es que no existe alternativa de modelo ni sabemos hacia donde vamos aunque se pueden hacer cosas. El autobús no tiene conductor pero podemos elegir estaciones diferentes. Evitemos el chiste fácil del salto decimonónico a los “soviets” como alternativa que de vez en cuando realizan algunos periodistas, u opinadores, que pasaron por la Universidad, a veces lo dudo, sin que la Universidad pasara por ellos. Nadie propone la regresión al “socialismo real”.
¿Qué está pasando? Los fenómenos simultáneos son varios pero es una evidencia que nos encontramos ante una contradicción central palmaria: las exigencias económicas, sociales, medioambientales, energéticas y de seguridad colectiva que generan la globalización resultan incompatibles con el capitalismo ultraliberal sin normas que hemos conocido hasta ayer. Ese capitalismo se manifiesta obsoleto además de injusto para las nuevas necesidades de otro mundo y otro siglo. Conclusión. Necesitamos refundar un nuevo orden económico mundial como se ha dicho hasta la saciedad y necesitamos hablar de la Tasa Tobin. Barack Obama ganará contra Bush, sí contra Bush, porque todo lo que representa se ha quedado viejo, nauseabundo, añejo y superado por las nuevas exigencias de un mundo que ya ha cambiado. McCain es solo una caricatura de un mundo antiguo y desbordado (...)".
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